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B2AC Tres mirades sobre Galileu...

xavier | 08 Febrer, 2009 20:43

Tres detalls, per si us interessa veure-ho des de diferents perspectives: un poc de literatura, fragments de cinema i un reportatge periodístic de vessant científica.

La Signoria, a Florència

1.- Bertolt Brecht, escriptor alemany, va escriure una obra de teatre, Vida de Galilei, que esdevé una apologia de la ciència i de la raó i de les seves possibilitats per alliberar del sofriment a la humanitat i una anticipació de la reflexió entorn d'allò que s'ha anomenat "la responsabilitat social del científic". Com podeu imaginar la voluntat literària i el compromís polític de Brecht, comprometen la fidelitat històrica i biogràfica, el detall científic i la (impossible) objectivitat filosòfica. Constatació també de la misèria i de la feblesa de l'ésser humà, de la seva covardia, això és, de la seva humanitat.

Quedem-nos amb l'al·legoria i la significació filosòfica. En propòs un fragment, d'una conversa entre Galileu i Andrea Sarti, antic deixeble seu:

BRECHT: Vida de Galilei

A un altre passatge Galileu és interrogat exhaustivament pel Tribunal de la Santa Inquisició. Fóra de la sala Andrea Sarti i altres entusiastes creuen que Galileu mai no abjurarà. Quan surt Sarti, devastat, diu "malaurat el pais que no té herois". Galieu respon "malaurat el país que necessita tenir-ne"...

2.- El llenguatge cinematogràfic també té unes altres regles, però són interessants aquestes escenes de la pel·lícula Galileo, una producció italobúlgara, dirigida l'any 1968 per Liliana Cavani i protagonitzada per Cyril Cusack.

3.- Finalment un enllaç (que també té versió imprimible) al diari El País:

Reportatge...

Crítica teatral:

Vidas no ejemplares: Brecht & Galileo

Marcos Ordóñez, 7 d'octubre del 2006 (El País)

Brecht cargó con Galileo durante media vida. La escribió y reescribió (él y quince colaboradores "no acreditados", como era habitual) tantas veces porque era su sombra, su espejo oscuro. Realmente es muy difícil no ver al propio Brecht tras ese Galileo más artista que científico, un "artista de la razón" que mantiene una relación casi erótica con la realidad: levanta sus velos para poder verla un día desnuda y resplandeciente. Galileo y Brecht son dos Grandes Contradictorios. Cuando los nazis llegan al poder, Brecht no se va a Rusia (porque, como dice con amplísima metáfora, "allí no podría obtener suficiente azúcar para mi café") sino a Estados Unidos, al mismísimo corazón de Mahagonny, del mismo modo que Galileo rechaza Venecia, que acoge a los sabios pero les paga mal, y opta por Florencia, que les censura pero les ofrece fortuna; también Brecht reniega de su fe ("nunca he pertenecido al Partido Comunista") para escapar del comité de McCarthy, la nueva Inquisición, y "reescribe" El proceso de Lúculo cuando las autoridades de la RDA le exigen rectificar el mensaje pacifista de la obra para ponerla al servicio de "la guerra antiimperialista de Corea" (y tantas y tantas otras cosas). Sin embargo, Brecht considera la retractación de Galileo como "el pecado original de la ciencia moderna". Las bombas arrasan Hiroshima mientras Brecht, Losey y Laughton ensayan la segunda versión del texto en Los Ángeles y es así como se intensifica la visión de un Galileo "culpable", combinada (todo en Brecht es combinación de verdades) con el secreto aplauso ante esa curva moral que, según sus palabras, "es el camino más corto entre dos puntos cuando hay un obstáculo". Siempre me vuelvo a emocionar ante la primera escena de la obra, cuando Galileo explica al pequeño Andrea Sarti los sistemas de Ptolomeo y Copérnico con ayuda de una silla y una manzana: es Merlín transmitiendo su saber al joven rey Arturo como un prodigioso juego mágico, y Brecht es puro Rossellini acercando la cámara al rostro de ese hombre que "no podría rechazar una idea nueva ni un vaso de buen vino". Quizás haya una extraña simetría entre el texto, el personaje, y su descubrimiento: "El universo ha perdido su centro. Ha bastado una noche para que aparezca un número infinito de ellos". En Galileo no hay "asunto central" sino sucesión de enfoques, de capas de verdad, y a cada nueva escena Brecht modifica las lentes de su telescopio y la angulación de la luz para mostrarnos una faceta distinta de ese coleóptero gordo, de coraza quitinosa y alas imprevistas.

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