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1er de maig

xavier | 01 Maig, 2009 20:08

Oswaldo Guayasamín

A menudo se afirma que no hay dinero para resolver los acuciantes problemas ecológico-sociales de la humanidad; o que no hay dinero, en general, para erradicar la pobreza en todo el mundo. Esto es radicalmente falso: el esfuerzo redistributivo requerido para satisfacer las necesidades básicas y erradicar la pobreza extrema es comparativamente muy pequeño.

Según cálculos de organismos de las Naciones Unidas como PNUD, FNUAP y UNICEF, el costo adicional de prestar los servicios sociales básicos a toda la población de los países del Sur sóo hubiera ascendido a 40.000 millones de dólares por año durante el decenio 1995-2005. Esto supone apenas el 0,2% del ingreso mundial (de unos 25 billones de dólares, a mediados de los noventa); y apenas la mitad de la participación en el PNB estadounidense que los EEU transfirieron cada año a Europa durante el Plan Marshall, en el período 1948-1952.

Esos 40.000 millones se desglosan de la siguiente forma:

- Enseñanza básica para todos y todas: 6.000 millones/año.

- Salud y nutrición básicas: 13.000 millones/año.

- Salud reproductiva y planificación familiar: 12.000 millones/año.

- Suministro de agua potable y saneamiento (alcantarillado): 9.000 millones/año.

No es tan sencillo cuantificar la inversión necesaria para acelerar el desarrollo y capacitar a todos y todas para que salgan de la pobreza. Pero, como aproximación aceptable, sí se puede calcular el coste de colmar la diferencia entre el ingreso anual de los más pobres hoy en día y el ingreso mínimo en el cual ya no se hallarían en situación de pobreza extrema. Esta cifra es también reducida: asciende a otros 40.000 millones de dólares al año (PNUD 1997).

De manera que el esfuerzo redistributivo necesario para satisfacer las necesidades básicas de toda la población del planeta, y proporcionarles a los más pobres ingresos suficientes para abandonar la pobreza extrema, sólo ascendería a 80.000 millones de dólares al año. Esto es menos del 0,5% del ingreso mundial; menos que la suma de los patrimonios individuales de los siete hombres más rricos del mundo; y menos que el porcentaje del PNB estadounidense que los EEU transfirieron cada año a Europa durante el Plan Marshall, en el período 1948-1952.

No es que no haya recursos para acabar con el escándalo de la pobreza extrema: lo que no hay es voluntad político-moral para hacerlo.

Jorge RIECHMANN, Una morada en el aire. Diario de trabajo (18 de agosto de 2002 a 18 de agosto de 2003), El Viejo Topo

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